Es sorprendente que cuando uno viaja por latinoamericana
o escucha en los telediarios la voz de sus gentes, en medio de alguna
catástrofe, lo primero que se percibe es un castellano correcto y delicado que
surge de su corazón, con frecuencia invadido por la desgracia de algún
cataclismo. Es curioso observar cómo conservan sus palabras un tono de
resignación y dulzura envueltas en una mueca desolada en medio de la situación
y aún así se perciben los resortes más limpios del idioma. Contrasta con
algunos ciudadanos de aquí, que ante cualquier circunstancia, a menudo,
irrumpen con tacos y expresiones malsonantes o bien con palabras poco adecuadas
a la situación. Me pregunto si este contraste tiene algo que ver con el sistema
educativo. Llama la atención que cuando se visitan centros de enseñanza
publica, muy especialmente, en zonas rurales, ni tan siquiera se encuentren
libros, sólo una pizarra y unas fichas que se pasan de unos a otros, y menos
todavía ordenadores, aulas de informática, clases dotadas con audiovisuales y
portátiles de última generación como los que tenemos aquí. El nuevo sistema
educativo, en España, surge como proyecto para mejorar la enseñanza y por
supuesto el nivel de lengua, para ello propone enseñar y evaluar competencias
básicas. En el ámbito del lenguaje la competencia comunicativa oral, escrita y
lingüística. Lo curioso es que de todo el listado de competencias que los
alumnos deben adquirir no hay ninguna que diga de manera explícita competencia
de hablar con educación y respeto. Por si esto no fuera suficiente, El
Departament d’Educació elabora un proyecto que consiste en evaluar de otra
forma la calidad educativa. Este proyecto, hasta ahora experimental, en algunos
centros, pretende imponerlo de forma obligatoria en todos los centros
educativos de Cataluña. Este nuevo modelo de cualidad valora en encuestas el
grado de satisfacción del alumno en lugar de los conocimientos adquiridos y
también al profesor por el número de registros que hace de su tarea. Considera
la enseñanza un servicio igual que un hotel o restaurante. Por eso, al alumno,
en las encuestas, se le pregunta si se siente satisfecho del servicio recibido.
En ningún momento se le pide si se ha esforzado suficiente y menos todavía se
le aconseja que el esfuerzo es la solución a su problema. En medio de toda esta
confusión y demagogia basta con salir a la calle o escuchar los programas,
entrevistas, concursos televisivos y darse cuenta del lenguaje chabacano y
grosero que predomina en nuestro país y comparar los recursos que nosotros
tenemos y los que tiene Latinoamérica para darnos cuenta que algo falla. Sin
duda, el lenguaje refleja la educación y los valores que cada uno tiene y estos
comienzan en las costumbres más sencillas de las familias, en el respeto, en el
orden social y en la enseñanza de unos valores tradicionales que emanan del
sentido común de lo más básico: el esfuerzo y la educación algo tan sencillo
que hace que al hablar se pueda transmitir con vocablos sencillos, correctos y
sensibles frases bien articuladas como las que emplean los habitantes
hispanohablantes, que en medio de su pobreza se expresan con educación y
sensibilidad.
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