Martirio Rodríguez se instaló en Montornés a finales de los años
noventa. Se refugió con su marido en la tranquilidad

de una zona
alejada del tráfico y las industrias, en un piso de alquiler.
A la vejez, el matrimonio necesitaba recuperarse de un traspié
económico en el momento más inoportuno y encontrar el placer de la
sencillez en la vida cotidiana tras una vida intensa.
Martirio nació en Úbeda, pero vivió entre Jaén y Málaga hasta que su
familia se trasladó a Barcelona en 1951. Ha trabajado en peluquería, en
el textil, en electricidad y electrónica. Se embarcó con su marido en
una aventura como cunicultores; ha sido cocinera en un restaurante y ha
cuidado a personas con problemas psíquicos.
La gran aventura de su vida, sin embargo, llegó de la mano de una
cuñada. A finales de los años sesenta la introdujo en el mundo de los
figurantes. Sus ojos verdes, su melena azabache y su tez blanca
llamaron la atención desde el primer momento. Su silueta completó los
requisitos para convertirse en un personaje habitual en los platós de
Barcelona. Antonio Machín la tenía entre sus amistades y la visitaba
cuando venía a Barcelona.
Pasó once años de rodaje en rodaje: películas y anuncios proyectaron su
imagen siempre en segundo o tercer plano en la televisión y en las
pantallas. Participó en la serie La Saga de los Rius, en películas como
Un hombre llamado Flor de Otoño y en una treintena de filmes más.
Martirio recibió muchas propuestas para dar el salto de figurante a
actriz. Su belleza enamoraba a los directores y directores de reparto.
Muchos actores quedaron impresionados de su mirada y, unos cuantos,
quisieron seducirla. No hubo manera. Su marido y sus hijos
constituyeron siempre el centro de su vida. Llevaba a sus hijos a los
rodajes siempre que podía. Al llegar a casa, explicaba a su marido
todos los pormenores de la jornada de rodaje, desde las repeticiones
hasta las insinuaciones que le enviaban de todos los rincones del
plató. Estuvo en los mismos escenarios que José Sacristán, Ana Belén,
Victoria Abril, Mari Sampere, Antonio Ferrandis, Meter O’toole y hasta
Orson Welles, entre otros muchos. Y nunca quiso saltar al primer plano.
Ha preferido dedicarse a su familia antes que el sueño de la fama.